Cuando el viajero divisa Uclés desde la distancia queda
atraído poderosamente por un conjunto de edificaciones que
se levantan como coronando la línea del horizonte. Desde el
frontero cerrillo de El Portillo, parada obligatoria desde
donde contemplar el conjunto, las construcciones se
superponen unas sobre otras.
A
los pies del observador se despliega una primera línea de
muro o tapia que protege la antigua huerta regada por el río
Bedija que producía buenas hortalizas, legumbres y frutas, y
que ahora cobija modernas instalaciones deportivas. Otra
segunda línea de muralla, muy deteriorada, permite observar
una función marcadamente defensiva en su trazado de diente
de sierra que debía hacerla especialmente eficaz. En lo alto
las monumentales defensas y murallas que cierran por el sur
con una torre albarrana unida por fuerte muralla a otra
fortaleza compuesta de dos torres que se comunican
únicamente por un arco casi etéreo. Y a la izquierda del
observador, el monasterio con sus torres. El viajero debe
prepararse para revivir en su visita olvidados capítulos de
la historia de España, antiguos personajes, viejas leyendas.
El acceso al monasterio tiene lugar por la fachada Sur
construida en 1735 y atribuida a Pedro Ribera. Destaca
la riqueza de motivos decorativos (armaduras, yelmos,
banderas...) y el medio cuerpo del Apóstol Santiago. Dos
inmensas puertas de bronce adornadas con conchas veneras
sobre cruces de Santiago dan acceso al interior del
edificio.
Atravesada la portada principal desembocamos en el
zaguán, lugar de paso que nos da la bienvenida y desde
donde comenzamos la visita propiamente dicha.
Nos encontramos en el extenso patio adornado con doble
claustro y aljibe con hermoso brocal barroco de piedra
con el escudo de la Orden de uno de sus lados, en el
centro. Cerrado con treinta y seis arcadas de medio
punto con elementos escultóricos en las claves de los
arcos.
Desde el patio central se accede al Refectorio, se trata
de la estancia más suntuosa y cuidada del monasterio. Su
principal atractivo reside en su artesonado labrado en
madera de pino y que cuenta con 36 casetones que
representan a otros tantos caballeros de la Orden
presididos por el emperador Carlos V.
Hay que salir de nuevo al claustro para dirigirse a la
sacristía, a la que se accede por el vestíbulo que
alberga una regia escalera. Está compuesta por dos naves
que forman un ángulo recto y abierta al exterior por dos
ventanales adornados interiormente con una rica
ornamentación escultórica: bustos, armaduras,
penachos...
Atravesando el patio de losas cuadradas accedemos por el
brazo norte del crucero a la iglesia, levantada por
Francisco de Mora y acabada en 1598. Compuesta por una
sola nave, crucero y unas capillas laterales que se
comunican entre sí por pequeñas puertas de medio punto.
Destaca el retablo Mayor, separado del resto por una
verja de hierro, y del que se conserva la parte superior
y el gran cuadro de Francisco Ricci que representa a
Santiago Caballero. Esta iglesia guarda los restos del
Maestre don Rodrigo y de su hijo Jorge Manrique.
A la escalera principal se accede desde el patio. Fue
construida a mediados del siglo XVII y su segundo cuerpo
queda dividido en dos brazos. Está presidida por un gran
lienzo que representa la Aparición del Apóstol Santiago
en la batalla de Clavijo frente a otro de la Inmaculada.
En esta sala puede adquirir la guía del monasterio,
libros, tarjetas,... así como una amplia gama de
productos: vino, queso, miel, dulces... que le servirán
de recuerdo de su paso por el Monasterio de Uclés.