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Visitadas las partes más nobles del interior, es conveniente contemplar
la mole del monasterio en sus fachadas. Saliendo por la puerta principal
se gira a la izquierda para contemplar la más espectacular fachada del
edificio, la que mira al norte y se asoma al pueblo de Uclés. La parte
más antigua de la construcción en su exterior en nada desmerece del
interior y aún puede que sea más rica en escultura plateresca. Varios
elementos se repiten como motivos esenciales: las conchas, las cruces
gladiformes, las armaduras, las calaveras... Queda en esta fecha un
testimonio fidedigno de la utilización de la antigua ciudad de Segóbriga
como cantera de la nueva construcción: junto a la ventana central del
refectorio aún puede verse un sillar reutilizado con la leyenda IULIUS
CELTIBER.

A destacar el ábside de la iglesia que alberga en los contrafuertes
esculturas de los reyes constructores del templo de Jerusalén. Debajo
del Rey David sigue colocada, hoy casi ilegible, la losa con la leyenda
del comienzo de las obras. Contemplar el pueblo de Uclés desde lo alto
de la muralla bien merece un momento. La fachada del norte constituye el
encuentro con un estilo herreriano bastante puro. La línea de los
sillares se rompe para alojar una portada monumental de depurado estilo
clásico en dos órdenes, dórico y jónico. es todavía más monumental la
portada del poniente, de dos cuerpos, con columnas estriadas de
capiteles compuestos, rematada por un frontón. Un tondo con la imagen de
Santiago caballero ocupa el cuerpo superior. La fachada del oeste es la
más austera con una ajustada distribución de vanos y balcones. Esta
fachada conserva una inscripción de 1679 que recuerda la muerte de cinco
hombres acaecida al abrir los cimientos.

Volviendo a la explanada de acceso vemos otro edificio que
correspondía a las antiguas caballerizas. En su portada, encastradas en
el muro, se conservan dos buenas piezas procedentes de la basílica
visigótica de la cercana Segóbriga.
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