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Naturalmente, la imagen del apóstol Santiago no podía faltar
en el monasterio. Aquí aparece en un altorelieve encerrado
en un círculo. se encuentra en la portada de poniente del
edificio.
No está claro lo que sucedió, casi desde el principio,
entre Fernando II y los caballeros santiaguistas. Hay quien
dice que la Orden creció tanto en poco tiempo en tierras y
vasallos que se pensó que «a este paso el rey se quedaría
enseguida en vasallo y la Orden en reina». Lo cierto es que
ellos salieron del reino de León, quizás obligados por la
pérdida de Cáceres, su primitiva sede, y de los lugares que
habían adquirido en términos de Badajoz, ante el empuje de
los almohades, y pasaron a Castilla, donde fueron muy bien
recibidos por su rey Alfonso VIII. Este, descontento
de la actuación de los caballeros de San Juan, que tenían
desde 1163 el castillo de Uclés, pensó en entregar dicho
castillo fronterizo y roquero a los de Santiago, para que
defendiesen aquella comarca y la de Huete de los ataques
musulmanes.
El precioso documento de DONACIÓN se conserva en el Archivo
Histórico Nacional, formando parte de la colección de
diplomas pertenecientes a la
Orden de Santiago. El acto tuvo lugar, con toda solemnidad,
en Arévalo, el 9 de enero de 1174. En presencia de los
magnates del reino, prelados y nobles, Alfonso VIII, en
unión con su esposa Leonor de Inglaterra, entregaba el
castillo y la villa de Uclés, con modas sus tierras, viñas,
prados, pastizales, arroyos, molinos, pesquerías, portazgos,
entradas y salidas,a don Pedro Fernández, maestre de
Santiago.

Estatua yacente del prior Juan de Velasco, natural de
Tarancón y contemporáneo de los Reyes Católicos. Se
encontraba en el panteón, pero en la actualidad está en la
iglesia conventual.
A
fines de aquel mismo mes tomaron los caballeros
santiaguistas posesión de la villa y fortaleza donadas tan
generosamente por el rey castellano. La bandera de Santiago,
que el arzobispo les había entregado en Compostela, ondeó
por vez primera en la torre del homenaje. Así puede verse
representada en la miniatura del Tumbo Menor
de Castilla,
antes citado.
La iglesia existente en el castillo estaba dedicada a Santa
María, pero pareció oportuno que se cambiase su advocación y
que fuese Santiago el titular. La nueva dedicación se
celebró el 26 de febrero, que aquel año fue martes de la
tercera semana de Cuaresma. En adelante esta fecha se
celebró anualmente con gran solemnidad en todas las iglesias
de la Orden, según consta por los misales y breviarios
propios de la misma.
Parece que la iglesia dedicada nuevamente a Santiago siguió
siendo a la vez parroquia de Santa María del Castillo, la
cual, aún quedando dentro de los muros de la fortaleza,
tenía sin embargo en el pueblo su feligresía, de tal modo
que Carlos V tendrá que dar permiso para derribarla cuando
se quiera ensanchar el monasterio, imponiendo la obligación
de resarcir en
dineros a los parroquianos para que edifiquen otra en la
villa.
Al principio no se pensó en que Uclés fuese la casa
principal de la Orden, pero dilatada ésta muy pronto por los
cuatro reinos de León, Castilla, Aragón y Portugal, la
fortaleza de Uclés, que albergaba el monasterio, pues ya
habían venido con don Pedro Fernández los monjes de Loyo y
se había nombrado primer prior a don Andrés, quedaba muy en
el centro de todas las posesiones y pronto comenzó a
titularse Caput Ordinis, «Cabeza de la Ordena y pasó a ser
el lugar principal o convento mayor de la misma. Venía a
alcanzar con ello especial importancia.
Al año siguiente de la toma de posesión don Pedro Fernández
dio fuero a la villa. La copia más antigua de este fuero hoy
conservada se halla escrita en pergamino, con letra del
siglo XIII. En veintisiete capítulos, llenos de prudencia y
rectitud, se atendía a lo más peculiar de la población. En
lo demás se seguiría, casi al pie de la letra, el fuero de
Sepúlveda.
El gobierno supremo de la orden lo tenía el gran maestre,
asesorado por el consejo de los trece, los cuales tenían
la obligación de reunirse a la muerte
de aquél para nombrar sucesor. Cada uno de los reinos que
componían la Orden tenía su comendador mayor, que podía usar
bandera blanca con cruz roja gladiforme, igual a la del
maestre, pero de más reducidas proporciones.
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En el refectorio del monasterio destaca
un impresionante artesonado, en el que se encuentran las
efigies de todos los grandes maestres de la Orden. Uno
de evos es Carlos V, el emperador. Llama la atención el
correspondiente al conquense Alvaro de Luna, cuyo rostro
ha sido sustituido por el de una calavera, en clara
demostración de que no dejó un buen recuerdo entre los
caballeros santiaguistas.
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El prior de Uclés
tenía el gobierno espiritual de toda la Orden. Más tarde se
dividió esta jurisdicción al formarse el priorato de San
Marcos de León. El monasterio de Uclés era triple, puesto
que en él se vivía la regla bajo tres modalidades distintas,
correspondientes a las tres clases de miembros de que
constaba la Orden: la de los caballeros casables, cosa
particular en principio de la Orden de Santiago, que hacían
el tiempo de probaci6n en este monasterio o en cualquier
otro de la Orden; la de los caballeros estrechos, de vida
más rigurosa, que profesaban el celibato y vivían en
comunidad, propia exclusivamente de Uclés y que se fundó por
expreso deseo de Alejandro III; y, por último, la de los
canónigos regulares o monjes santiaguistas que se destinaban
a la celebración del culto, a la asistencia espiritual de
los demás miembros y a regentar las parroquias del priorato.
En este monasterio además se guardaba el sello de la Orden y
el pendón llamado santo por haber sido bendecido en 1175 por
el papa Alejandro, y, gastada la tela del primero y siendo
preciso renovarla en tiempos del maestre don Fernando
Osórez, haber recibido también la bendición del papa
Gregorio XI el año 1376. Desde los primeros tiempos en esta
casa de Uclés se fue formando el archivo general de la
Orden, a base de documentos relativos a su organización, a
sus establecimientos y a sus ordenanzas, a su administración
y a sus disposiciones generales". Tal volumen adquirió esta
documentación que para su custodia se creó la llamada
encomienda de la Cámara, siendo a este fin utilizadas sus
rentas. Se conserva hoy íntegro este fondo documental en el
Archivo Histórico Nacional, Sección de Ordenes Militares,
desde 1872.

Ia imagen del monasterio de Uclés, alzada
sobre la roca, dominando el paisaje manchego que aquí se
inicia, contribuye inevitablemente a provocar la admiración
ante la belleza acumulada por la severa arquitectura.
Desde Uclés los caballeros santiaguistas estuvieron
presentes en todas las acciones guerreras de la reconquista
y sus territorios se extendieron principalmente por la
Mancha. Es natural que ayudasen al ejército de su gran
protector Alfonso VIII en la toma de la ciudad de Cuenca, en
1177. Allí se distinguieron tanto que el rey añadió, en el
terreno recién conquistado, nuevas donaciones a la Orden,
entre ellas "dos casas cerca de las de Aben-Mazloca, en el
mismo alcázar de Cuenca, dos solares, un molino en el río
Moscas y un huerto próximo a este río. Con las donaciones
hechas a don Tello Pérez y a don Pedro Gutiérrez, que estos
a su vez donaron a don Pedro Fernández, el fundador de la
Orden, se creó al poco tiempo en Cuenca el Hospital de
Santiago. Una de las trece collaciones en que se dividió la
ciudad se llamó también Santiago, quedando su iglesia dentro
del recinto de la misma catedral.
En tiempos del cuarto maestre, don Gonzalo Rodríguez, los
almohades acaudillados por su sultán Mohamed-benYacub,
vencedor en 1195 de Alfonso VIII, en la batalla de Alarcos,
donde encontraron la muerte diecinueve santiaguistas, hacen
una ofensiva general por tierras de Castilla y se presentan
con todo su ímpetu ante los muros de Uclés dos años más
tarde. El maestre, en medio del desconcierto de los reinos
cristianos, resiste en el castillo ucleseño con sus gentes,
mientras otras fortalezas, como Madrid y Guadalajara, se
someten a Yacub. Unidos más tarde los cristianos, se da la
batalla de las Navas de Tolosa, en 1212, en la cual muere
también, con muchos de sus caballeros, el maestre don Pedro
Arias, aunque el triunfo es esta vez de Alfonso VIII.

La fachada oriental del monasterio es, sin duda la más
llamativa, por la elaborada decoración con que se
complementan los diversos elementos que constituyen este
espectacular frente arquitectónico. |