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La Orden de Santiago se
fundó hacia 1170 o poco antes, reinando en León Fernando II. El
fundador y primer maestre, don Pedro Fernández, era descendiente
de los reyes de Navarra por línea paterna y de los condes de
Barcelona por la materna. Inmediatamente, atraídos por la piedad
no menos que por su alcurnia, se le juntaron algunos caballeros
de la más alta nobleza, que, procedentes de los distintos reinos
de la península, fueron haciendo además donaciones de tierras,
villas y castillos. El mismo Fernando II, en cuyo reino nacía
una milicia que prometía ser de tanta utilidad a la reconquista,
ya que tenía como objeto la defensa de la fe en la lucha contra
el Islam, dio al principio numerosas posesiones a los nuevos
caballeros.
Pronto don Pedro hubo de
pensar en la asistencia espiritual de sus seguidores y trató de
hallar alguna comunidad religiosa que quisiera ocuparse de
menester tan importante. En tierras gallegas, «próximo al lugar
en que el río Loyo entra en Miño», había un monasterio dedicado
a Santa María. Sus monjes eran canónigos regulares de San
Agustín. A éstos hizo la proposición don Pedro Fernández. Ellos
aceptaron y quedaron también incorporados a la naciente orden
militar.
Según algunos autores, los
santiaguistas se llamaron al principio Caballeros de Cáceres,
por haber sido esta ciudad extremeña, entonces del reino de
León, el lugar donde se echaron los cimientos. Otros creen que
llevaron el nombre de Caballeros de Santa María del Castillo y
de la Espada. Lo cierto es que, después de la bula de
confirmación y aprobación, dada en Ferentino, cerca de Roma por
el papa Alejandro III, en 5 de julio de 1175, ya siempre se les
conoció con el nombre de Caballeros de Santiago, pues el de
Caballeros o freires de Uclés, que en algunos documentos
antiguos aparece, no prevaleció apenas.
La bula de fundación
de la Orden de Santiago lleva a firma del papa Alejandro III, a
finales del siglo XII.
El
nombre definitivo tiene su fundamento. Ya se sabe la devoción
que durante los siglos medievales se tuvo en España al apóstol
Santiago, sobre todo desde que milagrosamente se descubrió su
sepulcro allá por el siglo IX. Es natural que los caballeros se
encomendasen de un modo especial al patrocinio de Santiago al
entrar en batalla. Y es lógico que creyeran sentir en muchas
ocasiones la protección celestial por la favorable intervención
del Apóstol. Por esto, de acuerdo con el segundo arzobispo de
Compostela, don Pedro Godoy, en 12 de febrero de 1171, don Pedro
Fernández y toda su milicia se consagraron por vasallos
y caballeros del apóstol Santiago, quedando
hecho el maestre y sus sucesores canónigos de la iglesia
compostelana y el arzobispo y los suyos frailes de la nueva
orden de caballería. Así todos se nombrarían en lo sucesivo
caballeros de Santiago y así los nombraría el papa en su bula.
Todavía se conserva un cuadro de bastantes
proporciones, colgado durante muchos años en la parte izquierda
.del crucero de la iglesia del monasterio de Uclés, que
representa el momento en que don Pedro Fernández, acompañado de
los primeros caballeros, vistiendo amplias capas blancas sobre
las que campea la roja cruz gladiforme, como emblema de la
Orden, presenta al papa Alejandro la regla para su confirmación.
Aunque la representación de la batalla de
Clavijo (año 844) se repite hasta la saciedad en cuadros,
esculturas, miniaturas y relieves pertenecientes a la Orden de
Santiago, todos sabemos que el hecho es debido más a la devoción
hacia el Apóstol, que los cristianos creyeron ver combatiendo a
su favor en dicha batalla, que a la aceptación de la leyenda de
que la Orden se había fundado a raíz de la misma.

Otro
documento anclado en los orígenes de la Orden: el rey Fernando
111 concede a los santiaguistas la villa de Segura, en 1242.
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