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Cesó la actividad militar y ha comenzado una especial
actividad constructiva. A los priores de la época
renacentista les parece mezquino el edificio antiguo
destinado a convento, dentro de las murallas del castillo, y
piensan en su ensanchamiento a costa de la fortaleza.
Se queda uno admirado al considerar el arresto significaba
la transformación de aquel inmenso complejo de torreones,
patios, estancias, entrantes y salientes, con variados
niveles adaptados a la topografía, que, según descripciones
de los libros de Visita, formaban la antigua
fortaleza-convento. Dos siglos completos invertirán los
priores en contratar a los mejores maestros canteros, que
vayan planeando aposentos, capillas, fachadas y claustros,
sin olvidar la ornamentación interior, para la cual también
se citan pintores, tallistas y orfebres.
Comenzó las obras el prior don Pedro García de Almaguer el 7
de mayo de 1529. En esta fecha se puso la primera piedra con
gran solemnidad, como consta de la inscripción existente en
uno de los contrafuertes del ábside de la iglesia.

El patio central del monasterio es
especialmente llamativo. Corresponde a la época barroca,
tiene doble claustro y el bajo está abierto por 36 arcos de
medio punto, mientras que el superior está cerrado por
balcones. En el centro, hay un hermoso aljibe, de brocal
también barroco, con el escudo real a un lado y la cruz de
la Orden de Santiago al otro lado. (Fotos: José Luis Pinós).
En un primer proyecto, hecho por el maestro Gaspar de Vega,
se pensó en la construcción del ala oriental del edificio,
que mira a la villa de Uclés, en la cual irían el refectorio
con sus dependencias, la sacristía y la capilla mayor de la
iglesia, la cual tendría sus pies al poniente y se
terminarla mucho después. Se haría todo ello con arreglo al
estilo imperante, el protorrenacimiento o plateresco. Y
tales artistas trabajaron luego aquí que la fachada
oriental, aunque anárquica al exterior, resulta sin embargo
una maravilla en cada uno de sus ventanales, ejemplar
magnífico del mencionado estilo, comparable con las mejores
obras que entonces se realizan en diversos lugares de
España.
Para su construcción se utilizaron piedras traídas de
Segóbriga, propiedad desde el siglo XIII, cuando se
denominaba Cabeza del Griego, de los priores de Uclés. Así
las paredes del refectorio resultaron adornadas de
sepulturas con inscripciones romanas. Todavía se puede
apreciar al exterior un par de estas inscripciones, con
buena letra capital.
Por el año de 1530 trabajaba en estas obras Andrés de
Vandelvira, que contaba entonces 21 años de edad y fue más
tarde consumado maestro en las obras del claustro de la
catedral de Cuenca y, sobre todo, en la dirección de las de
la catedral de Jaén.
La pieza más suntuosa que se realiza en esta primera fase es
el amplio refectorio monacal. Tiene magnifico artesonado
tallado en madera de pino melis.

La escalera regia que permite el acceso
principal de una a otra planta del edificio, es un elegante
ejemplo decorativo de mediados del siglo XVII y en un
segundo cuerpo se divide en dos brazos. El gran cuadro que
hay al frente reproduce una Inmaculada y es del siglo XVIII.
En proceso total de restauración a cargo de donativos de los
visitantes.

Plano de la planta baja del monasterio de
Uclés, levantado tras la guerra civil. En su estructura se
aprecia el delicado equilibrio de los diversos componentes
del complejo urbanístico y la orientación de cada uno de los
elementos que constituían el entramado conventual.
La primera fila de casetones está compuesta de treinta y
tres bustos que representan caballeros de la Orden,
idealizados, con la cruz de Santiago al pecho. El busto
central de la cabecera es el de Carlos V, con atributos
imperiales. En uno de ellos el busto ha sido sustituido por
un esqueleto de medio cuerpo con corona de conde y manto
sobre los huesos; alrededor lleva inscripción en latín, que
traducida dice: "Vosotros, los que os tenéis en algo,
deteneos ahora un poco, os ruego, y considerad mis palabras:
No perdono a nadie". Estos conceptos en boca de la muerte
están acordes, opina Quintero Atauri, con el recuerdo de don
Alvaro de Luna, condestable de Castilla y maestre de
Santiago, que no, se tuvo en algo, sino en mucho, y luego,
como se sabe, murió trágicamente.
Por debajo de todo el artesonado corre un friso con leyenda
en que figura el nombre del prior que lo comenzó, don Pedro
García de Almaguer, y el del que le dio fin, en 1548, don
Francisco de la Flor.
La sacristía está formada por dos naves que se unen en
ángulo recto, siendo la bóveda, de arcos rebajados, de
crucería, con claves adornadas de rosetones de artística
madera policromada, sobrepuestos a la piedra. Las ménsulas
de las que arrancan los nervio son una muestra acabadísima
del más puro estilo que aquí se emplea. |