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Los siglos XIV y XV constituyen una época de
disturbios y revueltas por la adquisición del maestrazgo de
Santiago. Hay que tener en cuenta que, además de la grandeza
honorífica, que el título suponía y el poder que con el
mismo se acumulaba -se podía ir de Uclés a Portugal sin que
el caballo pisase fuera de los territorios de la Orden-
tampoco era despreciable económicamente, ya que llegó a
tener una renta anual de 64.000 florines de oro.

El genio clásico, en su más pura
expresión, trasladado al Interior de Castilla. Las columnas
que flanquean la portada, los capiteles que las coronan,
parecen extraídos directamente de cualquier monumento
griego. Fachada occidental del monasterio.
Por eso los aspirantes ponían especial empeño
en asegurarse el convento de Uclés, donde habla de hacerse
la elección de maestre.
En 1342 fue nombrado don Fadrique, hijo bastardo del rey
Alfonso XI, el cual fue asesinado en el alcázar de Sevilla
por orden de su hermano Pedro el Cruel. Don Pedro nombra
para sucederle, sin consentimiento de los trece de la Orden,
a don Juan de Villaguera y Padilla, hermano de su favorita
doña Marta de Padilla. Desde Uclés sale a su encuentro don
Gonzalo Megía, comendador mayo: de Castilla, y, en el
término de Tarancón, aldea entonces de Uclés, se da la
batalla, en la cual resulta muerto don Juan de Villaguera.
Fue el 7 de noviembre de 1355.
En 1440 celebró en Uclés capitulo general de la Orden el
infante don Enrique e) Turbulento, maestre a la sazón, hijo
de don Fernando de Antequera, rey de Aragón. Estuvieron
presentes don Juan Díaz de Coronado, prior de Uclés, y
lugarteniente del maestre en aquella ocasión, los cuatro
comendadores mayores, los trece de la Orden, los frailes de
la casa y un crecido número de caballeros y de vicarios
clérigos. Dio el infante muchas disposiciones y confirmó los
privilegios de la villa de Uclés.
Sucedió al infante don Enrique el condestable don Alvaro de
Luna, pero ya antes de la sucesión encontramos disposiciones
relacionadas con Uclés, firmadas por don Alvaro, como
administrador de la Orden, lo cual se explica muy bien
teniendo en cuenta las casi continuas enemistades entre el
infante y su real primo Juan II de Castilla.
En 1474 se nombró en Uclés como maestre a don Rodrigo
Manrique. Pero hubo de luchar con don Diego López, marqués
de Villena, que se creía con derecho por ser hijo del
maestre anterior, don Juan Pacheco, señor de Belmonte.
Manrique le cercó en el castillo de Uclés, donde se había
hecho fuerte, y lo venció.

El conquense Francisco de Mora es el
responsable directo de este
monumento al equilibrio, la contención y la elegancia
clásica, que son factores determinantes en la fachada oeste
del monasterio de Uclés.
Surge inmediatamente otra contradicción. Se reúne un
capítulo en San Marcos de León y nombra maestre a don Alonso
de Cárdenas. Se produce el cisma en la Orden, gobernando
cada cual en sus territorios, hasta la muerte de Manrique en
Ocaña, el 11 de noviembre de 1476. Al enterarse don Alonso
emprende a toda prisa el camino de Uclés para hacerse
nombrar a la fuerza. Mas la reina Isabel, que tuvo noticia
de todo estando en Valladolid, se presentó en tres día en
Uclés, llegando antes que el maestre y consiguiendo de los
santiaguistas que se le diese a ella temporalmente la
administración del maestrazgo. Mandó detenerse a don Alonso
de Cárdenas, que todavía se encontraba en Corral de Almaguer,
prometiéndole se vería en justicia su derecho, y él aceptó
como buen vasallo.
Aquietados los ánimos y agradecidos los Reyes Católicos a
los servicios prestados por Cárdenas en las guerras de
Portugal y de Granada, procuraron que se le nombrase maestre
general en el capítulo celebrado en Azuaga en 1477. Muerto
don Alonso en 1493 se encargan los reyes de la
administración de la Orden, incorporándola para siempre, por
bula del papa Alejandro VI, a la Corona y terminando de una
vez con aquella serie de disturbios que se originaban por la
conquista de la dignidad maestral.
Así acaba el capítulo más glorioso de la historia militar de
Uclés, cuyo nombre no vuelve a sonar entre el estrépito de
las armas hasta la Guerra de la Independencia, en que tiene
lugar la segunda batalla de Uclés, en 1809, con sino fatal,
por cierto, para los españoles.
Imagen antigua que reproduce el interior
de la iglesia del monasterio, antes de que fuera víctima de
los sucesos que han sacudido la reciente historia española.
El retablo mayor es obra de Francisco García Dardero,
ocupando el lugar de honor un cuadro de Ricci. Todo el
retablo está en proceso de restauración, patrocinada por la
Orden de Santiago. |