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Si la fachada occidental es el equilibrio
clásico, la pared principal del edificio refleja el
estadillo de la imaginación barroca, palpable sobre todo en
la impresionante portada, construida en 1735 por Pedro de
Ribera.

En la primera fase de las obras estaba comprendida la
iglesia. Pero tan sólo se hizo entonces el ábside hasta la
altura del comedor y la sacristía, como puede bien
observarse al exterior. En sus cuatro robustos contrafuertes
se encuentran otras tantas hornacinas que albergan estatuas
de reyes de la casa de Israel. Cabalmente debajo de la de
David se haya la inscripción con la fecha de inicio de la
obra.
Después de Gaspar de Vega, se encargaron de la dirección
otros arquitectos, como Pedro de Tolosa, que fue nombrado en
1577, Diego de Alcántara y Bartolomé Ruiz. Pero el que
infunde un estilo más definido y abandona el primitivo
proyecto es Francisco de Mora. Este arquitecto habla nacido
en Cuenca y trabajó en El Escorial al lado de Herrera, quien
lo presentó a Felipe II como el discípulo más notable que él
había tenido. A la muerte de Herrera el mismo Mora estuvo
algún tiempo al frente de las obras escurialenses. También
trabajó en las catedrales de Valladolid y Málaga y en los
alcázares de Segovia y Madrid. En el monasterio de Uclés
construye una iglesia que, con su traza, ha dado a todo el
edificio el título de Escorial de la Mancha.
La portada principal de acceso al monasterio
es un auténtico retablo de piedra en el que se puede admirar
simultáneamente el equilibrio de los diversos componentes,
las proporciones del conjunto y la esmerada ejecución de los
múltiples detalles incorporados.
Se compone esta iglesia de una sola nave y crucero, con una
serie de capillas laterales, comunicadas entre sí por
pequeñas puertas, formando como dos naves menores. Aunque de
proporciones más reducidas, no puede negar esta iglesia su
parentesco con la de El Escorial. Es de líneas netamente
clásicas, notándose en ella la suavización de la austeridad
herreriana que Francisco de Mora, aun sin salirse de los
cánones del maestro, dio a sus obras.
Es grandiosa la cúpula del crucero, obra de Antonio Segura.
Tiene elevada linterna y apoya sobre pechinas decoradas con
buenas pinturas que representan los arcángeles Miguel,
Rafael y Gabriel y el Ángel de la Guarda. Está protegida al
exterior por una torre con balaustrada, de cuya base arranca
el chapitel cubierto de pizarra, tan típico de las
construcciones de los Austrias. Remata todo ello en una
esfera de cobre de unos dos metros de diámetro, sobre la
cual se mueve una veleta en forma de gigantesco gallo, mayor
que la esfera, quedando aún por encima una cruz de Santiago
de unos tres metros y medio de altura. Quedó terminada la
cúpula en 1598.
La iglesia cierra el edificio por el norte. También la
fachada oeste del monasterio y los aposentos a ella
correspondientes fueron planeados por Mora, aunque la
construcción se hizo bastantes años más tarde. Una
inscripción de 1679 en esta fachada recuerda que allí
murieron cinco hombres al abrir los cimientos. |