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A mediados del siglo XVII se construyó el patio y la
escalera principal. El patio tiene doble claustro, alto y
bajo, estando el bajo abierto por treinta y seis arcadas de
medio punto sostenidas por pilares cuadrangulares. La
ornamentación es sencilla, si exceptuamos la clave de cada
arco tallada con motivo distinto. El superior está cerrado
por balcones. Todo el patio está pavimentado con losas
cuadradas de piedra. En el centro hay ten aljibe con brocal
barroco, que ostenta a un lado y al otro del arco el escudo
real.
La escalera principal, que en su segundo cuerpo se divide en
dos brazos, es notable por la estereotomía de las piedras de
los arcos que dan acceso al claustro superior. El fronte se
enriqueció en el siglo XVIII con un gran cuadro de Antonio
González Ruiz, pintor de cámara de Fernando VI, que
representa la batalla de Clavijo.
También en el siglo XVII se hizo el retablo mayor de la
iglesia, por Francisco García Dardero, y costó 9.500
ducados. Está formado por seis grandes columnas de orden
compuesto, sosteniendo una gran comisa, de la que arranca la
bóveda de media esfera, dividida en cinco gajos con pinturas
que representan la pasión y glorificación del Señor. A los
pies hay un templete de orden compuesto, con su pequeña
cúpula, que servía de expositor. En los intercolumnios del
retablo se hallaban las imágenes de San Agustín, escribiendo
la regla, por la cual se regia la Orden, y de San Francisco
de Borja, que tomó el hábito santiaguista en este convento.
En la parte central un gran cuadro, obra de Francisco Ricci,
pintor de cámara de Felipe IV y Carlos II, ejecutado hacia
1670 y en que aparece el Apóstol sobre blanco caballo,
derrotando a los moros.
El retablo, juntamente con casi la totalidad de las demás
obras de arte, ornamentos y objetos de culto, desapareció en
la Guerra Civil del 36. Se salvó, aunque en muy mal estado,
el cuadro de Ricci, que actualmente está siendo restaurado,
como se explica en otro lugar de esta publicación. (En la
restauración del monasterio se puso un retablo de escayola
imitación del desaparecido).
A principios del siglo XVIII se reanudan las obras y es
cuando se construye la fachada principal y además un nuevo
piso sobre el ala oriental, quedando, con las últimas
adiciones, el conjunto conventual con ese aire de armonía y
robustez que hoy tiene, pues todas las cubiertas de la casa,
excepto las de la iglesia, que sobresalen, se elevan a la
misma altura y el recinto toma una planta totalmente regular
alrededor del patio central.
La fachada principal fue construida en 1735 y se atribuye a
Pedro de Ribera, el más grande de los arquitectos del
barroco español. Esta fachada es un verdadero retablo de
piedra, en el que no se sabe qué admirar más, si las
proporciones bellísimas del proyecto o la esmerada ejecución
de sus múltiples elementos decorativos. En la terminación se
halla un medio cuerpo de Santiago, que levanta en su diestra
una espada de hierro, en que se leen caladas las palabras
FIDEI DEFENSIO, "Defensa de la fe", mientras en la izquierda
lleva la cruz maestral. En la base está inscrita la típica
leyenda CAPUT ORDINIS, que no podía faltar a la entrada de
este potente edificio, casa madre y cabeza de la Orden de
Santiago. |